Rugby

Los primeros años

La oportunidad que tienen estos jugadores de escribir esa historia es algo que difícilmente se repita

 

Hace poco menos de 10 años el rugby ocupaba solo una parte de mi álbum de recuerdos (lo jugué cuando tenía más o menos la edad de mis hijos menores) y solo volví a reencontrarme con él cuando mi hijo del medio entro a Los Molinos.

La conexión fue instantánea. Me enamoré de este deporte al instante. Su espíritu, el ambiente, las personas. No hay duda de que el complemento de que se juegue a la manera de Los Molinos hace que ese idilio sea un resultado inevitable. Porque cuando estas dos entidades (el Rugby y Los Molinos) se combinan, el resultado es mucho más que la suma de ambas (que de por si no es poco).

Por eso, cuando el Colegio planteó la posibilidad de encarar el proyecto URBA, sentí una enorme felicidad al poder darle a mis hijos lo mejor de esos dos mundos y empezó una etapa que ninguno de ellos va a olvidar mientras viva. Siempre estaré (junto con todos los que participamos desde uno u otro lugar en este proyecto) agradecido con el Colegio por esta posibilidad. Desde ese primer gran salto que significó lanzar este proyecto hasta cada paso que da cada día para hacerlo crecer, la actualidad que vivimos no es otra cosa que el fruto de esa visión.

Cuando empecé a colaborar con la M13 no pensaba en los años que iban a venir más adelante. Fui disfrutando del paso de esta segunda familia por el rugby infantil sin imaginar que los años que se acercaban fueran a ofrecer algo diferente. Pero llegaron y con ellos, muchísimos cambios. Los "chicos" se convirtieron en "jugadores" y los sábados con cientos de otros padres, entrenadores y pequeños rugbiers se convirtieren en domingos con los hermanos de la M16. Los entrenamientos de los fines de semana se convirtieron en martes y viernes intensos donde se fue creando, de a poco, un espíritu de hermandad con los padres y jugadores de las dos categorías que hacen que hablemos de ambas como de un solo gran equipo. La reciente gira a Chile de este doble equipo solidificó este espíritu de hermandad y se convirtió en una experiencia que no solo dejó una marca imborrable en la memoria de todos los que estuvimos ahí sino que me hizo notar la increíble calidad humana de este grupo de jugadores. La incorporación, este año, de los chicos de la generación 2002 amplió esta gran familia formada por gente increíble.

El incondicional apoyo de los padres (que siempre están ahí, alentando a un lado de la cancha), el profesionalismo de tantos colaboradores y el esfuerzo de este grupo de jugadores, hacen que cada momento vivido se vuelva un recuerdo imborrable y que me sienta orgulloso de la gente que forma este gran equipo.

Estos años son, con seguridad, los primeros de la larga historia de un proyecto que algún día va a mirar hacia atrás y reconocer a estos como sus años fundacionales y a estos jugadores como los que dieron origen a todo.

La oportunidad que tienen estos jugadores de escribir esa historia es algo que difícilmente se repita y, aunque ellos no lo reconozcan abiertamente, sé que están orgullosos de ser, para los más chicos, el “plantel superior” de Los Molinos.

 

Sebastián Saggese

Manager de la M16