Molinos de Viento
UN CUENTO DE 6º C

Los cuatro dragones

Relatando a la manera de Tolkien

 

Por Guillermo José Luro (6º C) 

Ilustración: Tomás Gómez Perea (6º C) 

 

       A principio de la Era de Oro de los enanos, los elfos llamaron a un representante de cada metal (cada mina era responsable de uno de ellos), al centro del valle de Lorien, la capital de los elfos.  

       En cada mina eligieron a su más valiente y aguerrido guerrero, que debía saber cómo sobrevivir a los peligrosos bosques de Fangorn y a los misteriosos de Gondor. En la mina de plata, la más valiosa y famosa, podría agregar, enviaron a Kili con una escolta de diez soldados de la guardia blanca, la del rey. El día de la partida de Kili, el pueblo entero acudió para la despedida de su héroe. Ya fuera de las imponentes murallas, los enanos se quedaron unos segundos contemplando los majestuosos bosques y emprendieron la marcha, cada uno arriba de su pony.  

       El tiempo pasó rápidamente y oscureció, mas los enanos no pararon hasta llegar a un claro utilizado por viajeros y allí pararon para descansar y comer frugalmente. A los primeros rayos de sol de la mañana los enanos se despertaron y partieron rápidamente para llegar lo antes posible a la reunión. Estaban a unas millas de las llanuras de Angmar, cuando unos salteadores de caminos se les cruzaron pero la guardia real estaba mejor preparada y los derrotaron velozmente.  

       Al rato frenaron en la posta del lugar ya mencionado y frenaron para descansar y enterarse de las recientes noticias. En esa posta se separaron ya que uno solo de los enanos debía ir a Lorien porque los elfos habían sido muy claros en el mensaje y solo uno de ellos debía asistir a la reunión.  

       Al día siguiente partió para Rohan, donde un mago llamado Gandalf había tomado prestado el caballo más rápido del mundo. Estaba cruzando las montañas de Nimrais y se cruzó con una caverna y allí paró a descansar. Adentrándose en la cueva se tiró a dormir, pero un rugido lo despertó. Mirando en la oscuridad vio una llama y se lanzó fuera de la cueva pero una explosión lo tiró aún más lejos contra unas rocas. Logró no chocarse y  amortiguar la caída, y, al mirar la caverna, vio salir a la espantosa bestia, vio salir al dragón. 

       Continuará...